Resfrío

Resfríos en niños

Cuando llegan los meses de otoño e invierno aumenta la frecuencia con la cual los chicos se resfrían. Los síntomas más comunes del resfrío son la fiebre, los mocos por la nariz (de colores diversos), la tos (seca o con catarro), el dolor de garganta, la falta de apetito, los dolores musculares y cierto grado de decaimiento. La duración de este proceso es de aproximadamente 7 a 10 días.

Los resfríos son causados por distintos tipos de virus, los cuales, no sólo son numerosos, sino que a veces van modificándose a lo largo del tiempo.

Estos virus se transmiten de persona a persona a través de las secreciones nasales o la saliva y también por las manos contaminadas por estas secreciones.

¿Con qué frecuencia puede resfriarse un chico?

Un adulto se resfría 2 a 3 veces por año.

Un niño en los primeros años de vida, estando en su casa, se resfría 5 a 6 veces en un año. Si este mismo niño tiene hermanos o va a una guardería o jardín de infantes podrá llegar a tener 8 a 9 infecciones anuales. Quiere decir que entre el otoño y la primavera podría tener más de un proceso infeccioso por mes. El primer año en el jardín de infantes o la guardería suele ser un año con un alto grado de procesos infecciosos.

La cercanía entre una infección y otra puede ser tal que, a veces, parece que el niño está enfermo durante “semanas” o “meses” cuando en realidad los días libres de enfermedad son muy pocos.

¿Por qué son tan frecuentes estas infecciones en los chicos?

En cada infección el organismo produce anticuerpos y queda una “memoria inmunológica”. Ante un nuevo contacto con el mismo virus esta “memoria” se activa y logra controlar la infección, impidiendo la enfermedad.

Cuantos más contactos infecciosos se van teniendo la “memoria inmunológica” aumenta y el niño tiene más armas propias para evitar las infecciones. De esta manera llega un momento en el cual el número de infecciones respiratorias disminuye a 2 ó 3 episodios anuales, como sucede en los chicos más grandes y en los adultos.

Tratamiento:

Si bien existen, los antivirales son de uso muy restringido y se
utilizan en individuos con enfermedades en las cuales los mecanismos de defensa están alterados.

Los antibióticos no actúan sobre los virus y su uso corresponde
en el caso de complicaciones como otitis media (infección en el
oído medio), sinusitis (infección de los senos paranasales) o infecciones pulmonares.

Algunos medicamentos como los antihistamínicos y descongestivos han demostrado utilidad relativa para controlar los
síntomas y más bien podrían favorecer las complicaciones o
producir intoxicaciones medicamentosas. Por esta razón es importante que su uso sea determinado por el médico.

En los primeros días del proceso viral conviene favorecer el
reposo del niño (dentro de la casa sin necesidad de estar acostado), controlar la fiebre con algún antitérmico para disminuir
el malestar, ofrecer una buena cantidad de líquidos y si fuera
necesario humidificar las secreciones mediante vapor de agua
o nebulizaciones.

El reposo sirve para favorecer la recuperación del niño y evitar el contagio con sus compañeros. Es importante mantenerlo cuando el niño tiene fiebre o si se encuentra decaído.

Complicaciones:

La más frecuente es la otitis media aguda (la infección del oído medio) que puede dar fiebre y dolor de oído. La sinusitis, que es la infección de los senos paranasales, que están en los huesos de la cara y en comunicación con la nariz. Las infecciones pulmonares como la neumonía o neumonitis.

Signos de alarma:

· En los bebés menores de 3 meses cuando tienen fiebre o
dificultades para respirar, alimentarse o dormir.
· Si el niño está muy decaído, no quiere comer ni tiene ganas
de jugar.
· Si presenta dificultad para respirar o respira más rápido
que lo habitual.